Info

2013

Project funded by “Fondo Asistencial y Cultural de VEGAP”

Outi:

Print size – 80 x 140 cm

Piece size – 90 x 150 cm

Print – Inkjet on Hahnemühle Photorag Pearl

Edition – 3 + 1 a.p.

Pauline, Pauline II, Concepción, Vera, Vera II, Lovisa:

Print size – 73 x 110 cm

Piece size – 83 x 120 cm

Print – Inkjet on Hahnemühle Photorag Pearl

Edition – 3 + 1 a.p.

Video Marina:

HD Video

3´12´´

Edition 3+1 a.p.

To watch this video, please follow the link: https://vimeo.com/89409985

Video Vera:

HD Video

2´59´´

Edition 3+1 a.p.

To watch this video, please follow the link: https://vimeo.com/77539206

Umbrales

por Juan Francisco Rueda

Afirmaba André Breton que el móvil del surrealismo era la determinación de un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, lo comunicable y lo incomunicable dejan de percibirse como contradicciones. Ese revelador espacio de encuentro y comunicación entre lo antagónico, en el que, sin embargo, las realidades opuestas pueden manifestarse con tensión y pueden provocar que el espectador quede suspendido, ha venido siendo para Florencia Rojas un ámbito continuo de reflexión y un estado al que debían aspirar sus imágenes. Vírgenes, al igual que series anteriores como Vértigo y Les petites morts, es heredera, por tanto, de ese estadio de comunión. Vírgenes es producto, también, como los trabajos anteriores, de una indisimulada convergencia (espiritual) con algunos de los presupuestos, temas, iconografías y fuentes del surrealismo, los cuales nutren el universo de Florencia Rojas e inspiran no sólo la apropiación de los mismos, sino algo aún más importante, sus reformulaciones.

El conjunto de mujeres que centran las fotografías y los vídeos de Florencia Rojas, merced al hieratismo y a su inclusión en la Naturaleza, son presencias femeninas cuasi-religiosas y ritualizadas que bordean la secular asociación de la mujer (madre) a la tierra. El iconotipo, esta figura cuasi-cultual, que con una innegable objetividad y asepsia recrea en cada una de sus fotografías es ―qué duda cabe― una imagen multi-referencial en nuestro imaginario, es decir, una imagen densa que atesora mitos y relatos simbólicos. Sin embargo, lo rotundo de su físico, de la inequívoca presencia humana en lo natural y de su mirada directa a la cámara ―a nosotros―, agudiza un extraño y contradictorio sentido de ausencia o desocupación que las hace situarse entre la vida y lo inerte. Ensimismadas, ausentes, frágiles, vacías, en silencio, inmóviles y metafóricamente desnudas, son presencias perturbadoras. La vida, desbordante por lo general en el exuberante y agreste entorno que las cobija, parece estar puesta en entredicho en sus figuras. Un marco natural, un canto a la vida, a la regeneración y a la fecundidad que en ocasiones puede condensar, como un rasgo más de esa suma de opuestos, la contradicción de hallarse nevado, por tanto, la vida en letargo, congelada, como aparentan esta suerte de nuevas Evas. Estos escenarios poseen otra característica inadvertida pero afín al sentido de las imágenes de Florencia Rojas. A saber, en su mayoría, esa alusión a la Naturaleza indómita puede ocultar que se tratan de distintos parques berlineses, reductos de la Naturaleza en lo urbano o, en algún caso, espacios que ha venido a recuperar la Naturaleza después del uso que hizo el ser humano de ellos para distintos fines. En definitiva, espacios que poseen una doble condición (urbano/natural). Por otro lado, las, por lo general, porcelánicas pieles acrecientan esa idea ambigua de la ausencia y las acerca a un objeto como el maniquí, una presencia que deviene siniestra. Si la asociación mujer-Naturaleza (madre-tierra) vehicula el relato simbólico hacia la generación de vida y a la fecundidad, en estas imágenes escenificadas ―sí, a pesar de lo directo y de lo sencillo hay una elemental puesta en escena― esa asentada interpretación puede ser puesta en cuestión, tensionada y devenir, al menos, conflictiva. Ése es el punto de comunicación entre los opuestos que reseñábamos al principio como aspecto medular del trabajo de Florencia Rojas. Punto de comunicación que no espacio de disolución o neutralización de conceptos antagónicos. Ahí reside precisamente el factor que hace que el espectador quede suspendido en ese fluctuante juego de asociación y disociación, que, por así decirlo, sienta cierta angustia y puede que malestar ante una imagen que, quizás y a pesar de su aparente quietud y objetividad, lo sitúa en un incómodo umbral ―que representa la propia imagen― y que comunica un extremo con el otro, una realidad con otra. Precisamente, en una serie anterior como Les petites morts (expuesta en parte en esta galería en 2013) se nos situaba, como en otro umbral, ante rostros femeninos que vacilaban entre el gemido placentero o la exclamación dolorosa, entre el cuerpo traspasado por el espasmódico orgasmo o sometido al rigor mortis. Así, ahora, la esperanzadora metáfora de vida late en esas ausentes figuras que pudieran, a su vez, ser medio para encarnar distintas amenazas: la muñeca (poupée), el maniquí o la inmovilidad de la mantis religiosa como señuelo, tal como describiera Roger Caillois en relación a la psicastenia legendaria. Todas ellas alegorías que tuvieron una gran fortuna en el surrealismo.

Aunque no ha de ser entendido el que sigue como relato principal de la obra de Florencia Rojas, ni siquiera como relato perseguido, resulta difícil que esas mujeres no puedan ser interpretadas por algunos espectadores como elemento enunciador de cierta narración crítica, ya sea por esa densidad simbólica en función al estatismo y lo natural (poupée, mantis, mujer-como-reproducción) como por esa suerte de impedimento o exhortación a la inmovilidad y la contención.

Esa fluctuación entre lo inerte y lo palpitante que representan estas modelos integradas en la Naturaleza hace aflorar distintos relatos, como el de la Galatea de Pigmalión, escultura hecha por él mismo de la que se enamoraría y la cual, por obra de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, cobraría vida en el sueño del escultor para, finalmente, convertirse en humana. En Las metamorfosis de Ovidio se relata precisamente ese estadio intermedio, impreciso y en evolución, esa suerte de transubstanciación por la que el inerte y frío marfil en el que estaba realizada Galatea se convierte en cálida y dúctil carne, siguiendo a esa ausencia el pálpito y el hálito. Ese viaje de ida y vuelta, esa basculación entre ambos polos, esa suma de lo antagónico en una misma entidad a veces estalla y afloran esas dicotomías. Como una suerte de Galatea, Marina, la protagonista del vídeo del mismo nombre que, acompañando a las fotografías, cierra el recorrido expositivo, en su mirada perdida, rebosante de contención y ethos, en su figura inmóvil, impertérrita ante los factores ambientales, acaba por manifestar el pathos, los sentimientos y pasiones en forma de incontenible lágrima que recorre la mejilla, de cálido fluido de vida que humedece la fría superficie de esa suerte de escultura que amenaza con derrumbarse, con cambiar su condición. Quizás, este proceso de construcción-destrucción de las certezas, ese pendular viaje entre una realidad y otra que vemos reflejado en lo fílmico de Marina actúe como el reflejo nuestro ante las obras de Florencia Rojas: situados en el umbral, dispuestos a inclinarnos por un estado u otro.

Imágenes